Hay un yo consciente, esclavizado por su propio pensamiento temeroso y la presión de la sociedad. Incapaz de romper estas cadenas, eleva su nivel de ansiedad al insomnio permanente y utiliza hábilmente el delirio resultante como una forma de retirarse temporalmente del poder y “pasar la pelota” a su hermano mayor: el subconsciente animalista, intrépido, lleno de energía y libre de las reglas de la sociedad y los dogmas autoimpuestos de la mente pensante.
Resulta que hay más personas por ahí que también anhelan la libertad interior. Pelear es su forma de superar su mente, que irradia un “No” autoprotector, y derrama su propia sangre para demostrar que puedes decir “Sí” a lo impensable y seguir vivo. La realidad objetiva, sangrienta y magullada triunfa sobre el modelo mental estéril de mantener el status quo seguro pero ahogado.
El descubrimiento de que ambos tipos son la misma persona es la catarsis final que lleva el subconsciente al nivel de conciencia, para que pueda ser aceptado y reunido con la auto-historia consciente.
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